“I feel like I just went to my own funeral. I didn’t like the eulogy.” (29/11/2016)

Le dijo Lane Pryce a Don Draper, pensando en su traslado a la oficina de Mumbay, en medio de la crisis de los misiles cubanos en aquel octubre del 62. Aquel octubre, que nunca viví, y sin embargo lo siento tan propio como si fuera yo mismo el que está sentado en una oficina de la avenida Madison en Manhattan, escuchando en la radio crónicas de embarcaciones soviéticas, radares, misiles nucleares y el fin de nuestros días. Así de fuerte es la influencia de los medios gringos.

La sociedad americana se vio sacudida ante la posibilidad inminente de una muerte horrible, de ser quemados vivos, reventados en mil pedazos por una bomba nuclear o, en el mejor de los casos, morir asfixiado por una nube radioactiva. Era el fin de los tiempos, ya nada importaban los asuntos terrenales, las fusiones entre empresas, los despidos, los matrimonios fallidos… era el fin del mundo occidental. Mad Men logra capturar perfectamente esa sensación de congoja que afronta el individuo cuando se da cuenta de lo fugaz de su existencia: algunos aprovechan para desatar sus más bajos instintos, otros para revelar los secretos que cargaban a cuestas, y otros simplemente se lamentan al ver que no han hecho nada de sus vidas. He ahí el secreto de la frase… siento como si hubiese ido a mi propio funeral (y no me gustó el epitafio). Lamento que ante la inminencia de la muerte no haya hecho más de mi, hubiese querido que me recordaran por algo diferente, desearía haber sido mejor/peor persona, desearía haber cumplido mis sueños (y no haber vivido siempre sometido a un empleador).

Hoy el mundo entero fue sacudido por una tragedia espantosa que involucra la muerte de 71 personas: El accidente de la delegación del Chapecoense. No voy a entrar en detalles, pero definitivamente Chapecoense es un nombre que se nos va a grabar el resto de nuestra vida. Hoy todo el mundo estaba acongojado, mostrando solidaridad… y enfrentándose a la fugacidad de la existencia misma. Se que no son remotamente comparables, sin embargo, hoy en el aire se sintió lo mismo que pudo haber sentido Lane Pryce. Encontrarse cara a cara con el hecho que irremediablemente vas a morir, que hoy estás y mañana no, que la vida va a seguir con o sin ti. Es como ver al diablo fijamente a los ojos, y darte cuenta que por más que lo intentes, siempre vas a perder (parafraseando vagamente a Thom Yorke).

La tragedia nos recuerda que hoy estamos, y mañana no. Por lo menos a mi me pasó hoy. Siento como si hubiese ido a mi propio funeral… y no me hubiese gustado el epitafio. Hubiese deseado ser un mejor hijo, y llamar más seguido a la casa. Hubiese deseado hacer las paces con mi padre. Hubiese deseado viajar más, hubiese querido revelarme a mi jefe, y no dejar que moldee mi voluntad. Ojalá hubiese podido seguir estudiando, porque realmente extraño la academia. De pronto hubiese querido ser un poco más pirobo, hubiese querido no ser tan servicial con la gente, no verme en situaciones comprometidas por hacer favores, no querer complacerlos, mandarlos a la mierda. De pronto así nunca hubiese sufrido en el amor (porque a las mujeres les fascinan los pirobos). Siento que si muriera hoy, no habría alcanzado nada fuera de lo normal.

Mañana salgo en avión a las 8pm. Alea iacta est.

P.S.: No todo está perdido en el fútbol. Dentro de estos esperpentos de la era del marketing desmedido, hoy el mundo del fútbol ha mostrado los actos más puros de solidaridad. Me han dado algo de fe en el deporte, y en la humanidad. Y el presidente de Huracán… que se vaya a donde su reputísima madre.