Noches de Copa (21/09/2017)

Cuartos de Final: El campeón de Bolivia se enfrenta con el campeón de la edición 2015. Jorge Wilstermann vs. River Plate. Los bolivianos venían de ser segundos de grupo, eliminando a equipos con mucha más historia copera. Únicos representantes de su país y con la altura de Cochabamba como ventaja estratégica, siempre ganó sus partidos de local. Tenía armas para contestarle al rival, que venía golpeado por un escándalo de dopaje, lesiones y ventas conflictivas de sus mayores figuras para afrontar la fase final de la copa. Venía de perder el campeonato local en un pulso codo a codo el año pasado en manos de su archirrival. Venía dejando dudas en su juego. Pero tenía la mística copera de su lado.

El partido de ida quedó 3-0 a favor de los bolivianos, quienes estaban tocando el cielo con las manos. Hablaron de más, no perdieron oportunidad para dejar su huella en todos los medios a  los que los invitaban. David venció a Goliat, y había que aprovechar esos 5 minutos de fama. “No le tenemos miedo a los argentinos” dijeron. “Vamos a salir a dejar la vida” dijeron. “Nunca perdí con River, ni en los torneos de verano”, dijo Pochi Chávez, con pasado en Boca. Cambiaron el árbitro de manera inexplicable la semana antes del partido, y sacaron un comunicado institucional en el que pedían por imparcialidad en el encuentro. También su director técnico salió a decir que le pedía imparcialidad a la cadena FOX en la narración del encuentro. River solo callaba.

Si algo nos ha enseñado la copa, es que no la gana el equipo con mejor plantel, ni con mayor presupuesto. No la gana tampoco el equipo que mejor juegue,  ni mucho menos el que haga más goles. La Copa Libertadores, a diferencia de otras competencias internacionales, es un torneo de temperamento, de carácter. Se gana con un par de cojones. La ganan los equipos que saben a lo que juegan, que se dejan la piel y el alma en la cancha. Que tienen la madurez para afrontar las hinchadas visitantes, que salen a jugar sin complejos. Que no hablan por fuera de la cancha, sino adentro de ella.

Y esta noche River le acaba de dar una lección a Jorge Wilstermann, sobre qué es y cómo se juega la Copa Libertadores de América. Wilstermann demostró que perro que ladra no muerde, y todo lo que se habló en el transcurso de la semana quedó enmudecido ante las 60.000 almas que fueron a alentar en el estadio Monumental. No supieron que les pasó por encima. No corrieron, no marcaron, no pegaron. Fueron espectadores de un vendaval de goles, uno detrás del otro. Fueron espectadores de lujo de una exhibición de fútbol y temperamento. El árbitro no tuvo ninguna incidencia en el juego. Simplemente un equipo con historia y amor propio les demostró cómo afrontar un torneo internacional en Sudamérica. A los 20 minutos ya se había empatado la serie. Al primer tiempo ya se había dado vuelta. Al final del partido ya se había dado vuelta dos veces.

River Plate 8 – 0 Jorge Wilstermann. Gallardo manifiesta que tienen un envión anímico enorme (para ganar la copa). Y le creo. Scocco (autor de 5 goles) manda un saludo a sus amigos en México pasando por una díficil situación luego del terremoto que los sacudió esta semana. ¿Los bolivianos? no sé donde están. No hay micrófonos para los perdedores. Seguramente se devolverán a su país con el rabo entre las piernas, y con un recordatorio eterno de una vida mediocre. “Dicen que hay algo que tener, y no muchos tenemos” dijo Calamaro en una de sus letras. Ellos sabrán hasta el final de sus días que no lo tienen.

BkTuDpZiW_860x575__1Otra noche mágica de Copa Libertadores de América.

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Misa (17/09/2017)

Hay un culto nocturno oculto en el centro de Bogotá, donde el diezmo se pide por adelantado. Los feligreses presentan su cédula, pasan por una requisa, dejan sus chaquetas y entran al salón principal. Un arco gigante con imágenes electrónicas caleidoscópicas se alza por encima del atril, debajo de el se encuentra el cura, con una copa de champagne en una mano, y con la otra mano en el tornamesas. Sus monaguillos se encuentran atrás de el, en la zona VIP, bailando y dándole ánimos. Ánimos para que haga su magia, para que el tornamesas predique a través de sus parlantes la palabra sagrada, la que todos han venido a escuchar: una música que hace olvidar que existe el mundo exterior, una música que permite sentir felicidad plena, que hermana a todos los que se encuentran en la pista para oírlo tocar, que dan ganas de moverse por los siglos de los siglos. El cura recita, los creyentes se sienten llenos. El DJ hace magia y la pista la disfruta. Los feligreses consumen, cierran los ojos y bailan, bailan sin parar. Esa es la rave. Esta fue mi primera vez.

Pasando el salón principal se encuentra un ambiente intermedio. Corrientes de aire fresco permiten descansar del frenesí inicial, fluyen las botellas de agua, las cervezas y los bom bom bun. Luego viene el segundo ambiente, en donde hay otro atril a los pies de un árbol ancestral, que se eleva por encima de un techo de vidrio. La luna y las nubes capitalinas son testigos de un ritual que dura toda la noche.

En ese momento la ostia hace efecto. Se pierde la noción del tiempo y el espacio. Se pierden los miedos y las inseguridades, se queda el corazón solamente con una sensación de plenitud. El beat continuo del cura predica sobre el amor y la amistad, sobre la plenitud personal y el auto-respeto. El frenesí es imparable, uno solamente quiere hacer parte de ese espiritu intangible que todos los presenten comparten. Miras a tu lado y los demás feligreses te regalan miradas de complicidad, candela para el cigarrillo, o cualquier otra cosa más. Fluye todo, no hay límites.

Llega un punto de la noche en el que los orgasmos se sobreponen, la respiración se agita, se eriza la nuca y la música se siente tan espectacular como si uno estuviera recibiendo una felación en la mitad de la pista. Toca abrir la boca, sonreír, reír y gritar, todo al tiempo de ser posible. Sabes que el consciente ha perdido la batalla esta noche, está entregado por completo a una sensación de plenitud tan pura, que nunca lo había sentido antes. Sin darme cuenta sale la luz del amanecer por el techo de vidrio, y la gente festeja el nuevo día como se merece, como un logro de la naturaleza. “¡BUENOS DÍAS HIJUEPUTA!” atino a gritar. “¡Que linda vida para estar vivo!”, le digo a mi mentor, que solo responde con un saludo de puño cerrado.

Salimos a las 7 de la mañana, completos, rejuvenecidos, con ganas de seguir. Un caldo y a la casa. Al día siguiente viene el bajón, el cual le tenía mucho más respeto de lo que realmente es. Se pasa completamente relajado durmiendo, y con un poco de ayuda dulce.

¿Quién necesita la religión? ¿Quién necesita un Dios?

Tuve algo mucho mejor, tuve MDMA.