La mayoría de las infidelidades ocurren a mediodía (14/02/2017)

-Por último, mediante fitorremediación logramos reducir el impacto ambiental en esta locación y reducimos en 2.4 hectáreas los pasivos ambientales. El futuro nos plantea diferentes retos en el área ambiental, muchos paradigmas que debemos romper como empresa. Cabe destacar que debemos plantear una serie de…

-Sí, sí. ¿Terminamos?

-Ingeniero, faltan revisar los proyectos de inversión social que estamos haciendo con la gente de la vereda.

-Señores: Ya son las 12. Lo revisaremos en otra ocasión. Igual no tenemos que presentar resultados sino hasta dentro de 15 días. Ya firmé la asistencia, ¿Hay algo más que pueda hacer por ustedes?

-No Ingeniero.

-Perfecto. Buen trabajo.

El gerente siempre debía aparentar estar en apuros. Aunque ese mediodía se veía particularmente afanado. Será de pronto por la sensación de calor que recorría la otrora fría capital. Nadie en el edificio San Marcos llevaba corbata ese día. Un ambiente veraniego recorría las oficinas de la empresa. Él aprovechó, se puso sus gafas de sol y salió raudo pero cauteloso a los parqueaderos. Se subió a su camioneta, puso las llaves y salió como alma que lo lleva el diablo. Sorteando el tráfico bogotano, llegó lo más rápido que pudo a un edificio residencial en chapinero alto. El celador ya lo conocía, lo dejó entrar sin hacer preguntas. Entró al ascensor, apretó el botón 7, giró a la derecha, puso las llaves en el cerrojo y abrió la puerta…

-¿Por qué te demoraste tanto? Mi cuerpo te extraña.

Le dijo una rubia de 40 años. Pelo liso corto, alta, exuberante. Piel blanca, labios rojo fuego, que combinaban a la perfección con la bata de seda que llevaba puesta, y que dejó deslizar mientras pronunciaba sus palabras, dejando ver completa su desnudez perfecta. Acto seguido estiró sus brazos sobre el cuello del gerente, besándolo en la boca, invitándolo a completar la fantasía en la que pensó toda la mañana. Él la alza de sus muslos, y se la lleva al sofá de la sala. No hacen el amor. No hay nada parecido al amor en lo que están haciendo. Son sus instintos más bajos aflorando al sol del mediodía. Son sus cuerpos llenos de sudor, deseo y furia. Es sexo animal.

Comparten un cigarrillo postcoital, mirando los cerros orientales sobre el ventanal de la sala. No hay una sola nube en el cielo.

-Desearía que vinieras más seguido.

-Sabes que no se puede.

-No seas ridículo. Si quisieras pudieras. Vuelves a mandar a mi marido a un curso en Houston y ya. A él le encanta viajar. Siento que ama su trabajo más que a mí. No me hace lo que tú me haces.

-Estamos bien tal y como estamos. No me pidas más.

-Siempre tan inaccesible tú.

-… Debo volver a la oficina.

Él llega sin levantar sospechas. Son las dos de la tarde, y no hay ninguna reunión infructuosa en el horizonte. Odiaba las reuniones, sobre todo si eran ambientales. Había coordinado con su secretaria enviar un arreglo de doce rosas a su mujer, con una nota relativa al día de san valentín. “Te amo como el día en el que te conocí” decía. La escribió su secretaria. Reservó mesa para dos en el restaurante de moda de la ciudad. Bueno, la reserva también la hizo su secretaria. Tenía todo cuidadosamente preparado.

“¡Que hombre! ¡Que marido ejemplar! ¡Como quisiera tener uno así en mi vida!” pensaba su secretaria mientras marcaba números, coordinaba entregas, y confirmaba reservas.

15 de febrero. Siguen los ambientales hablando de más. Siguen las reuniones infructuosas. Sigue el geólogo en Houston, en una capacitación de reservas. Sigue haciendo calor. El gerente y la rubia cuentan las horas para el mediodía, para otro encuentro casual. Su mujer no sospecha, su secretaria no sospecha. Nadie sospecha. La mayoría de las infidelidades ocurren a mediodía.

 

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Incontinencia Verbal III: En teoría, todas son progresistas (5/2/2017)

Juan Valdez. 5:15 pm.

-Decíme objetivamente, ¿Vos ves alguna diferencia entre el pezón de un hombre y el pezón de una mujer? Son perfectamente iguales, solamente que la sociedad nos enseñó a sexualizar el de las mujeres, mientras que el de los hombres es perfectamente normal. ¿Como es eso que si yo te toco el pecho es normal, y si vos me lo tocás a mi es acoso sexual? ¿Porqué vos podés andar en la playa mostrando tus pezones y yo no? ¡Eso es desigualdad viejo! Tenés que entender que tengo el mismo derecho que vos de tener mis senos al aire.

-Si quieres ir con tus tetas al aire, te apoyo 100%. ¡Tus tetas son un regalo al mundo!

-Siempre con la estupidez por delante vos.

-¿Pero que más quieres que te diga mujer? Te apoyo. Pero no me puedes culpar de gustar de unos hermosos senos de mujer. Los amo y los quiero ver libres.

-Pero pará un poco machito. No podés ir por la vida sexualizando a todas las mujeres que ves. Tenés que respetar un poco.

– Pero querida, si me estás hablando de biología básica al decirme que los pezones de los humanos son iguales sin distinción de género, entonces yo te hablo de biología básica al decirte que al especímen humano masculino le excitan los senos de la mujer. Y eso no es una construcción social. Estamos biológicamente programados para buscar especímenes hembras con senos grandes y caderas anchas, signos inequívocos de salud y facilidad para procrear. Desde antes de la invención de la escritura sumeria es así, mi vida. Los humanos sentimos placer al procrear, y somos especímenes inferiores que viven en función del placer. Queremos dar y sentir placer toda nuestra vida. Lo buscamos constantemente. Es irremediablemente así. Ahora, que la sociedad nos imponga reprimir nuestros instintos animales hedonistas… es otra cosa. Hablemos de esa otra construcción social, la mentira de la monogamia.

– ¿Pero cual mentira? ¿De que carajo me hablás? ¿Que tiene que ver lo que decís con mi derecho a andar con los senos destapados en la playa?

– Tiene que ver querida, que si me hablas de deconstruir el paradigma social de las tetas al aire, yo te hablo de deconstruir el paradigma social de la monogamia como único estilo de vida aceptado. ¿Quién nos dijo acaso que eramos pingüinos? ¿Quién dice que no es posible amar a dos personas a la vez? Y no hablo de amor de madre vs. amor de pareja, hablo de amar a la mujer y a la otra, ambas por igual. Si realmente quieres deconstruir paradigmas sociales y construir una sociedad más equitativa, ¿por qué mejor no vienes a mi apartamento? Le dices a tu novio que vas a estudiar. Así como tienes derecho a andar con tus tetas al aire, tienes igual de derecho a ser infiel y a entregarte a tus instintos biológicos básicos… Y con quién más que conmigo, que te respeto como mujer independiente y progresista…

-Jajajajajajaja, iluso. Vos me querés coger solo de pasatiempo. Yo quiero un hombre que me valore enserio y podamos ver películas bajo la lluvia juntos. Que esté pendiente de mi siempre, que escuche todas mis historias, y que se deje aconsejar. Que conozca todos mis defectos, que me quiera como soy, con mis demonios. Que me consienta los cólicos de la menstruación. Que sepa cocinar, y que valore un buen café y el olor de un libro viejo. Rechazo amablemente tu (in)directa invitación.

– Me confirmaste que no eres más que un cliché. ¿Progresista? ¡La verga!. Usted es solo otra única y diferente, lectora de Playground y upsocl. Vaya para que se la culeen, wannabe. Bastante le hace falta.

 

Incontinencia Verbal II: Peggy doesn’t owe anything to anyone (5/02/2017)

Publicista/Antropóloga. Presuntamente Fotógrafa (como todas hoy en día). Hija de publicista. El papá era exigente in extremis, antiguo activista socialista, siempre la motivó a salir adelante y trabajar duro. Caldense. Alta, cara regordeta simpática. Ojos brillantes, llenos de fuego. Sonrisa cautivante, voz baja. No sabe usar palitos chinos. Dice no tener sueños. Apasionada de conocer personalidades diferentes, paisajes, comer yogurt con fruta los domingos en el parque. Odia andar en bicicleta. Desde su edificio no puede ver atardeceres. Fan de Miyazaki. Tres años menor. Dice no gustar del contacto físico. Trabaja hasta altas horas de la noche, pero no le teme a la calle.

No soy boludo. “No busco salir con nadie” es un eufemismo de “No me gustaste”. La eterna historia de no ser correspondido. “No importa, comprendo, seamos amigos” respondí. No es drama, no serás la primera ni la única que me diga que no. Por lo menos fuiste honesta, admiro eso. La felicidad de uno mismo es la única felicidad que importa. Ella no tiene porqué complacer a nadie… Peggy doesn’t owe anything to anyone.

Peggy Olson is awesome… and so are you. Un gusto conocerte. Espero seguir escuchando de tus predicamentos juveniles… y envidiar a tu flatmate.

Incontinencia Verbal I: About Luck and Justice (5/2/2017)

No sé en que momento de mi vida me volví una persona supersticiosa, pero solamente sé que la suerte existe. Creo firmemente que las personas pueden nacer en cuna de oro, o en una mísera invasión solamente por providencia del azar. Que así mismo hay personas que se rompen el culo trabajando todas sus vidas, pero mueren en empleos de mierda, llenos de embargos y divorcios amargos, acostados sobre su propio excremento en su lecho de muerte.

Siento que no te he hecho justicia. Tuvimos momentos dulces y momentos amargos. De los amargos se aprende. Los dulces se aprecian y se conservan con cariño. Solo quería decirte que todavía llevo en mi billetera el amuleto japonés del buen trabajo. El que me diste cuando era un ignoto profesor de pre-icfes, y al cual en parte debo mi desarrollo profesional. Porque no sirven para nada el talento y el trabajo duro sin la suerte que lo acompañe. Mirándolo en retrospectiva, fuiste una maniática controladora amante de las servilletas, pero siempre deseaste lo mejor para mi. Y por eso debo ser justo y dar las gracias. Tengo la seguridad que esté con quien esté, la suerte siempre estará de mi lado. Y por eso puedo mirar hacia adelante con optimismo.

Te deseo lo mejor en tu vida. Que la suerte siempre esté contigo. Que seas feliz.

Que tengas los trillizos que siempre has deseado…

“I feel like I just went to my own funeral. I didn’t like the eulogy.” (29/11/2016)

Le dijo Lane Pryce a Don Draper, pensando en su traslado a la oficina de Mumbay, en medio de la crisis de los misiles cubanos en aquel octubre del 62. Aquel octubre, que nunca viví, y sin embargo lo siento tan propio como si fuera yo mismo el que está sentado en una oficina de la avenida Madison en Manhattan, escuchando en la radio crónicas de embarcaciones soviéticas, radares, misiles nucleares y el fin de nuestros días. Así de fuerte es la influencia de los medios gringos.

La sociedad americana se vio sacudida ante la posibilidad inminente de una muerte horrible, de ser quemados vivos, reventados en mil pedazos por una bomba nuclear o, en el mejor de los casos, morir asfixiado por una nube radioactiva. Era el fin de los tiempos, ya nada importaban los asuntos terrenales, las fusiones entre empresas, los despidos, los matrimonios fallidos… era el fin del mundo occidental. Mad Men logra capturar perfectamente esa sensación de congoja que afronta el individuo cuando se da cuenta de lo fugaz de su existencia: algunos aprovechan para desatar sus más bajos instintos, otros para revelar los secretos que cargaban a cuestas, y otros simplemente se lamentan al ver que no han hecho nada de sus vidas. He ahí el secreto de la frase… siento como si hubiese ido a mi propio funeral (y no me gustó el epitafio). Lamento que ante la inminencia de la muerte no haya hecho más de mi, hubiese querido que me recordaran por algo diferente, desearía haber sido mejor/peor persona, desearía haber cumplido mis sueños (y no haber vivido siempre sometido a un empleador).

Hoy el mundo entero fue sacudido por una tragedia espantosa que involucra la muerte de 71 personas: El accidente de la delegación del Chapecoense. No voy a entrar en detalles, pero definitivamente Chapecoense es un nombre que se nos va a grabar el resto de nuestra vida. Hoy todo el mundo estaba acongojado, mostrando solidaridad… y enfrentándose a la fugacidad de la existencia misma. Se que no son remotamente comparables, sin embargo, hoy en el aire se sintió lo mismo que pudo haber sentido Lane Pryce. Encontrarse cara a cara con el hecho que irremediablemente vas a morir, que hoy estás y mañana no, que la vida va a seguir con o sin ti. Es como ver al diablo fijamente a los ojos, y darte cuenta que por más que lo intentes, siempre vas a perder (parafraseando vagamente a Thom Yorke).

La tragedia nos recuerda que hoy estamos, y mañana no. Por lo menos a mi me pasó hoy. Siento como si hubiese ido a mi propio funeral… y no me hubiese gustado el epitafio. Hubiese deseado ser un mejor hijo, y llamar más seguido a la casa. Hubiese deseado hacer las paces con mi padre. Hubiese deseado viajar más, hubiese querido revelarme a mi jefe, y no dejar que moldee mi voluntad. Ojalá hubiese podido seguir estudiando, porque realmente extraño la academia. De pronto hubiese querido ser un poco más pirobo, hubiese querido no ser tan servicial con la gente, no verme en situaciones comprometidas por hacer favores, no querer complacerlos, mandarlos a la mierda. De pronto así nunca hubiese sufrido en el amor (porque a las mujeres les fascinan los pirobos). Siento que si muriera hoy, no habría alcanzado nada fuera de lo normal.

Mañana salgo en avión a las 8pm. Alea iacta est.

P.S.: No todo está perdido en el fútbol. Dentro de estos esperpentos de la era del marketing desmedido, hoy el mundo del fútbol ha mostrado los actos más puros de solidaridad. Me han dado algo de fe en el deporte, y en la humanidad. Y el presidente de Huracán… que se vaya a donde su reputísima madre.

About Infatuation and Timing (26/10/2016)

Nuestras conversaciones. Tu habilidad hermosa de esgrimir el cigarrillo, haciendo que el humo baile a tu alrededor. Mi habilidad de hablar mierda sin sentido. Nuestra admiración mutua.

Nuestras escapadas al bosque. Nuestras charlas virtuales. Yo tan cálculo, tu tan literatura. Yo tan cuadrado, tu tan redonda. Mis películas, tus películas. Mis canciones, tus canciones. Tu Russian Red, Mi Last Shadow Puppets, Nuestro Radiohead. Tu Sofia Coppola, Mi Woody Allen, Nuestro Wes Anderson. Mis quejas por mi amigo secreto. Nuestros chocolates, nuestros hanuta, nuestros pulparindos.

Nuestra Infatuación. Nuestra tarde. Nuestra lluvia, nuestros truenos. Nuestro bosque. Tu carro, mis audifonos. Nuestra oscuridad. Tus besos. Nuestro Timing. Perfecto.

Tu destreza. Mi torpeza. Nuestro intangible. Tus ganas de verme feliz. Mi defecto de pensar mucho las cosas. Tu carro de nuevo. Nuestra mesa, nuestras estrellas y nuestros cigarillos. Mis manos perdidas en tu geografía. Tu perfección. Mis errores. Mi ego, tu modestia.

Nuestros compromisos…

Mi viaje, tu despedida. El fin.

Mi recuerdo de ti… Un año después, en el mismo bosque. En nuestro mismo lugar. Intacto.

P.S. Feliz cumpleaños. Te recuerdo con mucho cariño. Espero que seas feliz de corazón.

Bad Trip I – Cartas de Color (27/08/2016)

Venía de una experiencia mágica, tal vez irrepetible: Conciertazo de Les Luthiers en el palacio de los deportes, Bogotá. Tal vez única vez en mi vida que pueda alcanzar a ver en vivo la genialidad, la atmósfera increible de semejantes leyendas vivientes. Pero este relato no es sobre eso… ya reseñas de ese recital sobran. Saliendo del evento con los ánimos encendidos, el hermano de mi amigo saca una bolsita con unos moños de hierba, y decidimos ir al apartamento a prenderlo y relajarnos un poco. Nos encerramos en el cuarto, ponemos una toalla en el intersticio de la puerta y procedemos a armar el porro. El hermano disgregaba el material hábil pero parsimonioso, armaba un filtro con cartones recortados, y en cuestión de minutos armó el churro más grande que jamás haya visto.

Empieza a rotar, mientras Calamaro suena de fondo. El humo invade la habitación, y a medida que inhalo siento como se aleja la percepción de la realidad. Inmediatamente mi mano con el porro en la mano pareciera ser lo único presente en la habitación, mientras el fondo se aleja y se ve borroso. Los veo a ellos acostados en mi cama, veo las paredes blancas de mi cuarto… y siento que mi apartamento se ha transformado, que afuera de la puerta ya no estamos en Bogotá. Estamos en Constitución, en un edificio antiguo y derruido. Me siento como si me hubiese transportado en el tiempo, regresado a mi infancia. Y con mi infancia regresa mi asma. Me siento asfixiado, apabullado por la atmósfera blanquecina que ha invadido el cuarto por completo. Me paro con dificultad y abro la ventana, esperando poder inhalar una bocanada de aire fresco que me mantuviera con vida.

Camino con dificultad, las piernas me pesan, las manos están entumecidas. Tengo miedo, mucho miedo. Mi amigo me mira indiferente, asumiendo con naturalidad mi estado. “Salgamos a la sala parce, vamos a poner música en el televisor“, dijo su hermano. Al abrir la puerta, confirmo que no estamos en ningún constitución, es mi mismo apartamento de siempre. Aunque parecía infinitamente grande. Me senté en una silla al lado del sofá, mientras la televisión se prendía. “¿Que quiere escuchar viejo man?” me preguntó mi amigo. Yo trataba de hablar, pero no podía articular sonido alguno. Estaba trabado, estancado, ahorcado… no podía hablar. “Diga que quiere cartas de color, maaan” decía su hermano. “Ponga cartas de color maaaan” insistía su hermano. “Usted lo que quiere es cartas de color maaan, diga que cartas de color“, dijo por tercera vez.

Ponga cartas de color” dije, mirando al horizonte. Y arrancó el video:

Resultado de imagen para cartas de color les luthiers
“Yo nací en el África, por eso mi piel es negra,
Mi nombre el Oblongo, que en dialecto Swahili
quiere decir, mas largo que ancho.”

La grave voz de un ochentero Marcos Mundstock retumbaba en la sala, capturando mi atención por completo. Al ver esa grabación tipo VHS, mi mente empleó este video como puente, transportándome a mi infancia. Volví a ser un niño introvertido, lleno de miedo. Volví a sentir estar en todos los lugares en donde había estado, en todos los colegios y ciudades en los que deambulé en las primeras etapas de mi vida. Sentía vívidos todos los detalles de aquellos apartamentos, mis sábanas, mi cama, el baño, las aulas de clase. Pude ver a todos aquellos que alguna vez pasaron por mi vida. De repente los pensamientos negativos invadieron mi ser, y pasé a afrontar la primera lucha de aquella noche: estima personal. Pensé sobre cual era el objetivo de vivir. ¿Con qué propósito se sigue adelante?, ¿Esto no es acaso todo lo que hay?, ¿Que va a impedir que mi presencia en este mundo sea minúscula, mísera, irrelevante?, ¿Quién te quiere?, ¿Quién te va a extrañar?. Las voces dentro de mi cabeza me invitaron a terminar con esto de una vez, pero yo estaba muy paralizado para actuar, estaba lleno de congoja. Eran irrefutables sus argumentos, realmente no sentía que alguien me quisiera. Me sentí solo como nunca en mi vida. El vídeo continuaba:

carlos-nunez“Querido tío Oblongo:
Después de mucho deambular, estoy por fin aquí, en los Estados Unidos.
Al llegar, mis primeras impresiones… fueron digitales.”

La versión ochentera de Carlos Nuñez hacía su aparición en escena. “¿Si le está gustando, parce?” me preguntó el hermano, aparentemente en un estado transicional similar. “Si, Si” le respondí casi que automáticamente, mientras todavía luchaba en contra de las voces en mi cabeza. Procedí a acostarme en el sofá, para dar paso a la segunda lucha que afrontaría esa noche: sensorial. Sentía mis extremidades dormidas, mi garganta se sentía áspera y agrietada, sedienta. Mi cara quemaba, picaba y se derretía, mientras el resto de mi cuerpo se moría de frío. Titiritaba, palidecía. Me paré con dificultad y busqué una botella de agua, tomé un poco pero no calmó mi sed. Volví a pararme del sofá, y busqué algo dulce para aplacar el dolor de garganta, encontrando en el camino una pasta de chocorramo, parecida a la nutella. Metí una cucharada a la boca, sintiendo una explosión en la boca, completamente extraña. Al parecer fue la cura a mis temblores. Volví a concentrar mi atención en el vídeo:

danielAy te necesito, vuelve a mí por Dios,
Sediento estoy…
Humedéceme, salpícame, rocíame,
riégame, chorréame.

Daniel (QEPD) saltaba a escena, mientras en el otro plano yo volvía a estar en otro lugar. Ya mi amigo y su hermano no existían. Esta vez no era el pasado, esta vez era el futuro. Vi una casa enorme, y vi niños jugando con un labrador. Vi un futuro sin ningún tipo de tribulaciones, un futuro burgués (si se le quisiera llamar así). Vi un futuro con comodidades, con reconocimientos, un esfuerzo a mis luchas. Luego vi versión más adulta de mi ser, tal vez en sus cincuentas, con el pelo plateado y vestido formal. Salía del teatro, con una mujer de rizos negros agarrada de mi brazo. La contemporánea también se veía entrada en años, aunque conservada y elegante. Aún así, pude reconocer que se trataba de una versión adulta de mi ex. Reíamos, nos veíamos completamente felices. Se empinaba para darme un beso en la mejilla, mientras abría el paraguas para salir a la peatonal. Parecía la calle Florida.  Apenas mi visión se completó en lo que fue la tercera lucha de esa noche: sentimental. Las visiones se apagaron, y volví al sofá en donde luché por mantenerme con vida. Sentí luego un frío desgarrador, pero esta vez fue el frío de la soledad. Sentí que mi futuro estaba ahí, que tenía que luchar por el. Tenía que cumplirlo a toda costa. Que si lo dejaba escapar, que si no volvía  a lograr que esa mujer me quisiera, nada tendría sentido. Luego sentí que era imposible, que las cosas nunca volverían a su estado natural. Que es imposible volver en el tiempo. Que no es divertido poder ver lo que nunca va a llegar a ser.

El vídeo terminó. Quedé dormido en el sofá.

El efecto químico se había ido. Pero la lucha interna continúa…